Educación Financiera (II)

“De aquel que opina que el dinero puede hacerlo todo, cabe sospechar con fundamento que será capaz de hacer cualquier cosa por dinero”

En este segundo artículo y, antes de seguir adelante comentando aquellas premisas básicas que se deben tener en cuenta en cuanto a cómo nos debemos relacionar con el dinero, quiero definir desde mi punto de vista dos conceptos necesarios, que son las Finanzas Personales y la Riqueza.

  • Finanzas Personales. Este concepto se define por el conjunto de actividades – procesos, técnicas y criterios – a ser utilizados por las personas para optimizar tanto la forma de obtener los recursos financieros (que a partir de ahora llamaremos “dinero”) como el uso de los mismos en su economía particular.
  • Riqueza. Es el tiempo que podemos vivir de forma cómoda sin tener que trabajar. Seremos más ricos, entonces, si disponemos de más tiempo y, además, vivimos de una manera cómoda.

Disponer de tiempo es uno de los mayores privilegios de los que se puede disfrutar en la vida. El tiempo es la mercancía más preciada que se nos brinda y, dado que es limitado y tiene final, debemos realmente tener conciencia de cómo lo empleamos. Si tomamos conciencia de que la riqueza es disponibilidad de tiempo, entonces podremos entender que tenemos la necesidad de aplicarnos en optimizar las finanzas personales.

La mayoría de las personas tienen un precio. Lo tienen debido a las emociones humanas de las que ya hablamos en el primer artículo: el miedo y la codicia. El miedo a no tener dinero lleva a mucha gente a trabajar con el único objetivo de ganar dinero y, una vez que se recibe éste, entra en juego la codicia y hace pensar en todo lo que el dinero puede comprar. Así se genera un círculo vicioso: se trabaja para ganar dinero y éste se gasta; se sigue trabajando porque hay que ganar más y se sigue gastando, y así sucesivamente. Esta rutina está guiada por el miedo a no tener y el deseo de tener, de comprar. Si el dinero que se percibe es relevante, normalmente más relevantes serán también los gastos porque más alto será el nivel de vida impuesto, así que tan atrapado en el círculo vicioso está aquel que trabaja por una cantidad de dinero pequeña, como aquel que trabaja por una cantidad de dinero importante.

¿Hay otra manera de hacer las cosas? Sí, la hay. Pero antes de ver y explicar las herramientas que se deben utilizar, cada uno tiene que hacer un pequeño examen de conciencia al que hay que contestar con la verdad. Esa verdad tiene que decir cómo se siente uno respecto al dinero. La gente habitualmente no se para a analizar cómo se siente, nadie se mira al espejo y se pregunta: “¿cómo debo reaccionar al miedo?”, “¿cómo debo reaccionar a la codicia?” No, simplemente reacciona sin pensar. Esto implica que sus emociones son sus pensamientos. Si esto así, el dinero dirige sus vidas y, si la gente se niega a decirse la verdad, el dinero controlará sus emociones. Viven o, mejor dicho, sobreviven al servicio del dinero, sometidos – es la palabra más adecuada – a éste. Esto es válido para todo el mundo en general, esto es: pobres, menos pobres, ricos y muy ricos. En este caso cuando digo “ricos” me refiero a esas personas que poseen mucho dinero y bienes. Hay mucha gente que tiene mucho dinero, son muy ricos, pero no es debido a la codicia, sino al miedo, creen que el tener mucho dinero puede eliminar el miedo a no tener dinero y por eso amasan grandes fortunas y entonces pasan a sentir pánico a perderlo todo y sienten terror por el que dirán de ellos si pierden sus riquezas. Entonces… ¿es mejor ser pobre? No, tan malo es evitar el dinero como sentirse atraído por él. Os espero en el próximo artículo, en el que empezaré a mostrar las herramientas para aprender que el dinero debe estar a nuestro servicio, no nosotros al suyo. Hasta entonces.

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