Educación Financiera (IV)

“Lo conseguí. Me pareció fácil hacerlo. Otros no lo consiguieron porque les pareció fácil no hacerlo.”

Después de aquella charla con mi amigo que os conté en el artículo anterior, he aprovechado cada ocasión que he tenido para compartirla con otras personas, además de con vosotros, y he encontrado una respuesta común: ahorrar ha sido poco menos que imposible. Alguno me ha dicho que mi amigo era un poco iluso y, en general, todos me hacían esta pregunta; “¿Cómo se va a ahorrar un cinco o un diez por ciento de lo que se gana, si ni siquiera con todo lo que se gana se pueden cubrir los gastos?”. Así que cuando tuve oportunidad, quedé de nuevo con mi amigo y fui a su casa. Nos sentamos en su precioso jardín y, antes de comenzar a charlar, quiso que escuchara una canción mientras él preparaba un exquisito café. La canción era “Proud”, de “Heather Small”, que de verdad os recomiendo que escuchéis. Después de esta preciosa canción y disfrutando ya del café le conté cuales habían sido las respuestas que obtuve después de compartir sus enseñanzas respecto del ahorro. Entonces, mientras se acomodaba, me preguntó si todas aquellas personas con las que yo había hablado ganaban lo mismo. Le dije que por supuesto que no, que se trataba de personas de diferentes niveles socioeconómicos. Entonces me dijo:

“¿Y no te parece extraño que habiendo unos que ganan más dinero que otros, habiendo personas que tienen más hijos que otras, habiendo individuos de todo tipo, todos ellos tengan sus cuentas bancarias vacías y sus tarjetas de crédito al rojo vivo?”

¡Es verdad! Todos coinciden en que no pueden ahorrar y en que sus cuentas están vacías. “Y esto, ¿cómo puede suceder?”, le pregunté. Me lo explicó de esta manera:

“Mira, el ritmo del nivel de vida, los gastos a los que la gente se obliga, crece en la misma medida que crecen los ingresos, siempre que no se pongan los medios para que esto no ocurra. Sucede que se confunde el gasto obligatorio con el deseo. Prácticamente todo el mundo tiene más deseos de los que puede satisfacer; algunos se satisfacen, dentro de los límites de cada persona, pero muchos más quedarán pendientes. Hay mucha gente que se debate contra más deseos de los que puede realizar. Hay que aprender que los deseos son muchos, pero solamente pueden satisfacerse  unos pocos. Por supuesto, hablo de aquellos deseos que pueden alcanzarse con dinero y riqueza. Así que a quienes te han dicho que ni siquiera les llega con todo lo que ganan, les tienes que invitar a que revisen sus hábitos de vida, y a que analicen si las necesidades que se plantean son realmente inevitables o pueden ser eliminadas. Verás que – si lo hacen de verdad – descubrirán cantidad de gastos que no son necesarios ni obligatorios como ahora creen. Diles también que después de ese examen, cada vez que vayan a gastar algo, valoren si realmente es una necesidad o un deseo, y que aprecien al cien por cien el valor del dinero que van a emplear.

Yo les recomendaría tomar una hoja de cuaderno y un lápiz y hacer una lista de todos sus gastos; que distingan y separen los que son obligatorios de los prescindibles y, una vez diferenciados, encajen los obligatorios en el noventa por ciento del dinero que estén ganando. Del resto de gastos diles que se olviden y que los consideren parte de esos deseos que quedan sin poder satisfacerse.

Una herramienta fundamental es el “presupuesto”. Con él podrán controlar los gastos y tener muy claro hasta donde pueden llegar.”

Todo esto que me contó lo entendí perfectamente. Descubrí que con un sencillo presupuesto plasmado en papel podría determinar qué gastos puedo cubrir y hasta dónde puedo llegar, además de procurar un ahorro de ese diez por ciento del que ya hablamos en otra ocasión. Cuando vuelva a oír esa expresión “no sé donde se va el dinero”, aconsejaré la confección de un presupuesto. Parece increíble que algo tan sencillo como esto pueda dar toda la información necesaria para tomar las decisiones más adecuadas en cuanto a control de gastos. ¡Qué bien! Sí presupuesto los gastos, sabré cuales son inevitables y planificaré para poder pagarlos en su momento. Con esta herramienta sabré cuánto me queda disponible para mis caprichos, respetando siempre un ahorro de un diez por ciento de todo lo que gane.

En esta ocasión mi amigo ya no me contó más cosas, aunque yo estaba deseoso de seguir aprendiendo. De cualquier modo, ya me había regalado otra joya, que pondré en práctica. Espero que vosotros, lectores de este artículo, toméis también buena nota y no esperéis mucho tiempo para ponerlo en práctica, que mejorarán vuestras finanzas a buen seguro. La próxima vez que mi amigo me cuente algo, os lo transmitiré sin tardanza. Hasta estonces, no olvidéis hacer vuestros presupuestos.

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