Mi querida deuda (III): Hilario

Siguiendo la sugerencia de mi amigo, dejé mi mochila al pie del árbol, y cogí la botella y un poco de comida y empezamos a caminar. ¡Qué bien!, qué ligero iba en mi camino hacia la cumbre, qué libre me sentía. Me sentía genial al haberme quitado esa inmensa mochila de encima. Qué maravilla hacer el camino sin todo ese pesar.

Después de un ratito subiendo por aquel escarpado camino, mi amigo continuó contándome lo que había explicado a Hilario sobre la deuda:

“Mira Hilario, hasta ahora has estado tomando decisiones financieras poco inteligentes, seguramente por ignorancia y porque te has dejado arrastrar por las emociones que flotaban en el ambiente: tener y tener y tener lo antes posible aunque sea a costa de endeudarse. Mira Hilario, hay dos tipos de deuda, la positiva y la negativa. La gente de dinero tiene deudas, claro que las tiene, por supuesto, pero son deudas positivas. Esto significa que cumplen dos principios básicos: permiten crecer y – además – son pagadas por otros. En tu caso deberían ser pagadas por tus clientes a través de tu negocio, la jardinería. Este tipo de deudas hace más rico a quien sabe utilizarlas. Si no sabes utilizarla se puede convertir en deuda negativa, que es la que pagas tú, a fondo perdido. Es la deuda que no puede recuperarse, por eso es negativa. En general las deudas negativas financian estilos de vida de gente rica que no lo es. O sea, estas deudas negativas sólo sirven para tener la apariencia de ser rico durante un periodo de tiempo, normalmente exiguo. Es lo más caro y frustrante del mundo porque serán pagadas con trabajo futuro. Esto implica que, quien se endeuda sin inteligencia, quien se endeuda a costa de su futuro trabajo, se convierte en un esclavo del sistema. Se convierte en un activo del banco, una maravillosa inversión que éste hace, pasando entonces a perder toda libertad financiera y personal ya que cualquier decisión de vida y de finanzas pasará primero por cumplir con el prestamista.

Tú, Hilario, has tomado decisiones erróneas basadas en la ignorancia y en el miedo a no cumplir el guión social que se te inculcó: vivienda propia, coche, moto, televisores gigantes, vacaciones, cenas, regalos, etc…

Entonces Hilario me dijo que estaba de acuerdo en todo menos en el tema de la vivienda, que además era lo que más le pesaba en cuanto a deuda.

Entonces le dije: Mira, Hilario, el elevado índice de deuda de los particulares así como de los estados sólo muestra la absoluta ignorancia financiera en la que estamos sumidos. La crisis financiera que actualmente vivimos estaba ya anunciada al menos cinco años antes de que se empezara a hablar de ella. ¿Por qué comprar la vivienda? ¿Para qué endeudarse a 30 ó 40 años? ¿Por qué no se valora el alquiler, que es una fórmula mucho más barata, sin deuda y con una gran capacidad de movilidad? Es una opción que da mucha más libertad. ¿Sabes qué ocurre?, le dije, no se trata de decisiones financieras inteligentes, sino culturales y emocionales. ¡Por Dios Santo! La riqueza está en el disfrute, no en la propiedad. La vivienda propia no es una inversión, es un hogar o al menos esto es lo que debería ser. ¿Y en qué se convierte? En la mayor carga y quebradero de cabeza para todo el mundo. Todas esas personas con hipotecas a 30 o 40 años están atadas de pies y manos, trabajarán en lo que sea y como sea para poder pagar y evitar que se la quiten.

Comprar la vivienda endeudándose es un negocio ruinoso, aunque no lo sería si antes de endeudarte se ha creado un activo que genere el dinero para pagar, un activo que no sea tu trabajo porque entonces volvemos al ruinoso negocio”.

Cuando más interesante estaba la explicación, llegamos a la cima, donde nos dedicamos a disfrutar de las vistas, de la luz, del olor y del éxito por haber llegado hasta la cumbre. Estuvimos durante un tiempo en absoluto silencio, cada uno en su tiempo y en su espacio. Después de haber disfrutado y descansado, empezamos a deshacer el camino. Fue entonces cuando me dijo que en la bajada me contaría las soluciones que le planteó a Hilario, que ya os anticipo que funcionaron – y funcionan. Todo lo que me contó en el camino de vuelta os lo narraré en el próximo capítulo de la que voy a denominar “La Historia Financiera de Hilario”, y que os prometo que será muy pronto. Hasta entonces os deseo “Buen Camino”.

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