O nos paramos, pensamos y reflexionamos, o sino…

Está demostrado científicamente que, dado que el pararse a pensar y a reflexionar supone un esfuerzo y un trabajo, el cerebro humano se ha acostumbrado (en general) a saltarse este paso y llegar inmediatamente a las conclusiones. Pero existe un gran riesgo cuando esto se hace con un problema que no resulta familiar. Pongo por ejemplo:

  • Una decisión financiera importante, ya sea en el ámbito empresarial o en el ámbito personal.
  • Una votación para elegir a los políticos que gobernarán.

Son dos ejemplos de decisiones en las que nos  jugamos mucho, mas no tenemos tiempo para obtener información fiable, adecuada y suficiente. Dos decisiones con probables errores intuitivos que podrían corregirse con el simple esfuerzo de pensar y reflexionar, una vez obtenida y estudiada la necesaria información.

Lamentablemente, sucede que  cuando se toman decisiones sin una reflexión profunda, no tenemos capacidad de poder elegir otras opciones, sólo por el hecho de que desconocemos su existencia. Así que, deberíamos cambiar los patrones de decisión basados en la mera intuición por patrones que nos lleven a la reflexión.

Está demostrado científicamente que, cuando alguien debe tomar una decisión sobre un tema que ya le tiene hastiado, aburrido y cansado, aunque le afecte de forma decisiva, tenderá a ser crédulo y conformista con cualquier cosa que se le plantee.

Los filósofos han aconsejado siempre que, ante cualquier propuesta, se inicie una reflexión para contrastar hipótesis y refutarlas. Pero,  por contra, siempre tendemos a buscar datos que puedan ser compatibles con las creencias que ya tenemos. Esto supone que, para evitar el esfuerzo de pensar y criticar, se aceptan sugerencias que exageran la probabilidad de acontecimientos extremos que, en el fondo son altamente improbables.  Pongo ejemplos:

  • Que alguien proclame que “vamos a acabar con el paro”.
  • Que alguien asegure que “vamos a hacer que nuestra economía crezca”.
  • Que alguien prometa “vamos a salir de la crisis”.

Son acontecimientos extremos de una alta improbabilidad que a quienes están cansados, hastiados y desesperanzados les suenan muy bien por lo que aceptan estos mensajes otorgando su confianza a quienes los lanzan.

Ahora pongo a Estados Unidos y España como ejemplo:

En los últimos veinte años, por poner un período, todos los gobernantes que han ido pasando por estos dos países, en sus procesos electorales han manifestado repetidamente que iban a conseguir reducir la deuda existente. Cuando dicen esto, los votantes, están ya tan cansados de estas cuestiones que llegan a creérselo. Si alguien se parara por un momento a analizar esta sola cuestión (lo cierto es que la deuda crece sin parar de forma exponencial) llegaría a la conclusión de que en época electoral los votantes podemos creernos lo que nos digan.

Un dato curioso: la mayor eficacia de los mensajes comerciales es en el horario nocturno, cuando estamos cansados y tumbados en el sofá después de un día exigente. Es ahí, cuando el cerebro está más proclive a aceptar todo lo que le den y le propongan. Esto, al igual que los asesores publicitarios y las cadenas de televisión, también lo saben muy bien los equipos de asesores de los políticos.

Mi objetivo en este post es transmitir que para hablar de algo, para tomar una decisión sobre cualquier cosa, hace falta conocimiento, reflexión y experiencia si cabe.

Entonces: ¿aceptamos que la mayoría de nosotros tomamos decisiones con cuatro cosas oídas en una emisora de radio, un par de artículos leídos en el periódico y un comentario que alguien dijo en algún momento?  Y que, además, esta aceptación está influida ya por el cansancio sobre el tema en cuestión.

Bien, si lo aceptamos y sabemos que no es positivo, vamos a ponerle remedio; entonces seguro que avanzaremos un poco más en dar con soluciones a problemas que habrá que definir previamente, ya que en muchas ocasiones se nos muestra como “problema” al mero “síntoma” o “efecto”, en lugar de la “causa” que lo provoca.

Ahora y después de todo lo dicho me centro en algo que nos afecta a todos, de lo que estamos ya muy cansados y acerca de lo que, en un momento u otro, vamos a tener que tomar decisiones: ¿cómo no?, nuestra querida “Crisis”.

Hablemos de ella, pero desde la reflexión. Quiero proponer tres puntos para iniciar este proceso de conocimiento del “porqué de la crisis actual”:

  • No es una crisis de gestión sino estructural. Me baso en esto en que según datos publicados por el FMI (Organismo del que en este tema no se puede dudar), ha habido más de 96 crisis bancarias en los últimos 20 años.
  • Atendiendo a datos estadísticos e históricos,  la última vez que el mundo se enfrentó a un fallo de la magnitud del actual fue en los años 30 – la gran depresión – y desembocó en una ola de fascismo y la consecuente segunda guerra mundial.
  • La aplicación de soluciones convencionales (nacionalización de bancos, rescates, recortes en el gasto, etc…) solo conseguirá paliar los síntomas sin solucionar el problema de raíz, y generar simultáneamente una catástrofe social.

La buenísima noticia con la que quiero acabar este post es que hay personas altamente capacitadas que a través de la reflexión y el pensamiento han llegado a una comprensión sistémica y son capaces de proponer soluciones para conseguir que esta crisis se convierta en un fenómeno del pasado.

Sólo hace falta que todo el mundo se pare a pensar,  a reflexionar, a escuchar al que sabe de verdad,  y a partir de ahí dar paso y oportunidades a quienes proponen soluciones serias. Soluciones meditadas, pensadas y explicadas, algo que no sería difícil ya que son soluciones que ya se han puesto en práctica otras veces en nuestra reciente historia y que funcionan.

Escribiendo esto, me viene a la cabeza este  pensamiento: “veo a España como el Titanic, directo al iceberg; mientras nuestros gobernantes van haciéndose con los botes salvavidas y mantienen a la orquesta tocando”. Es increíble.

Es cierto que hay quienes, ya hace más de cien años, preveían este tipo de crisis, y hace más de cien años están desarrolladas las soluciones, pero, es muy  complicado desmontar creencias que, en otro sentido, se han ido inculcando.

Animo a todos aquellos con ganas de investigar y conocer a que indaguen y lean las tesis de Silvio Gesell. Después de analizar los escritos de este señor, preguntaos por qué no es conocido y por qué no se le nombra en la teoría económica, cuando su aportación es al menos tan grande como la del reputado Adam Smith.

Anoto tres comentarios de alcance:

  1. Irving Fisher (1867-1947), el notable economista norteamericano de la Universidad de Yale cuyo nombre está indisolublemente ligado a la teoría del capital y del dinero, cuando publicó en 1933 “Stamp Scrip” se refirió no sólo con respeto sino elogiosamente a los trabajos de Gesell.
  2. Joseph Schumpeter ((1883-1950), un erudito de la historia del pensamiento económico, en su grandiosa “Historia del Análisis Económico” no dudó en citar a Gesell nada menos que como legítimo precursor de muchos aspectos de la “Teoría General” de John Maynard Keynes (1883-1946).
  3. Keynes, el más grande de los economistas del siglo veinte, sostenía que las ideas de Gesell merecían ser tomadas muy en cuenta. Y es por ello que no vaciló en escribir “Creo que el porvenir aprenderá más de Gesell que de Marx”.

Quedo a la espera de vuestras impresiones sobre este post.

Hasta entonces. Muchas Gracias por vuestra atención.

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