¿Demasiado importantes para quebrar?

¿Qué está pasando con la economía española?  Ejecuciones de hipotecas, desahucios por todas partes, el desempleo por las nubes, la deuda impagable y todavía no se vislumbra un final.

El nivel de vida medio en nuestro país se hunde como una piedra. Cada día parece que se ha tocado fondo, pero también cada día, en vez de rebotar hacia arriba, lo que hacemos es seguir excavando. ¿Hasta cuándo?

Es lamentable que se esté abandonando a la ciudadanía a su suerte. Es triste y patético que la clase política despierte a los 500 desahucios diarios derivados de la catástrofe social que nos desborda, después de cuatro años de perseverante lucha ciudadana y cuando las noticias trágicas han empezado a ser escuchadas y comentadas por los jueces, la Iglesia, los sindicatos de policía y otras instituciones cuyo nivel de tolerancia al crimen económico que estamos viviendo comienza a ser rebasado.

Ahora dice – el monstruo bicéfalo que domina el poder en este País – se pondrá a trabajar para modificar la Ley Hipotecaria, una ley “refundida” de un texto original de 1946. Ahora y sólo ahora califican esta Ley de draconiana, ya que beneficia en todo a la banca acreedora y prescinde de cualquier derecho de la persona deudora. Una Ley Hipotecaria que la banca no ha dudado en utilizar en su provecho, pese a que su comportamiento sea calificado de “carroñero”. Mi opinión, basada en mi intuición, es que esta maniobra no tiene como objetivo paliar la catástrofe social en la que nos estamos sumergiendo de forma imparable, sino a salvar los muebles y a que esta acción les pueda reportar algún voto en un momento futuro. Si el verdadero y sincero objetivo de los políticos fuera preservar los derechos de los ciudadanos, ya lo habrían hecho antes.

Estamos viviendo tiempos muy precarios. A los españoles nos están robando sin pudor. Conocemos a los ejecutores, a los que a través del poder imponen formas y reformas. Debemos, es nuestra obligación, conocer también por quiénes son teledirigidos.

Estamos en un autobús que se dirige a toda velocidad hacia el borde de un precipicio. Todavía es posible cambiar el rumbo, pero la gente que conduce el autobús no se ha dado cuenta de que hay un abismo ahí delante. La economía está pagando una deuda demasiado grande, una deuda a todas luces impagable, y nadie en el Gobierno ni en ningún partido con poder suficiente está buscando cómo afrontar este problema. Si no se resuelve, estamos abocados a una profunda depresión y a un largo período de penuria.

La pregunta es: ¿qué puede hacer el gobierno para solucionar el problema? La triste respuesta es que, con el actual sistema monetario, no puede hacer nada. Ello se debe a que no se entiende – o no se quiere entender – la verdadera raíz del problema. Lo que sí debería y puede hacer el Gobierno es, al menos, paliar la situación en lugar de agravarla con decisiones erróneas, precipitadas o improvisadas.

El problema real es que el sistema financiero mundial está en manos privadas y, lo que resulta más grave todavía, el poder político está secuestrado por dichos intereses. Si no fuera así, no sería comprensible el tipo de medidas que se están tomando, que son contrarias al camino que se debería elegir atendiendo a las necesidades por las que nuestro país está clamando.

Si el sistema financiero mundial está en manos privadas, ¿porqué se salva a la banca en primer lugar? ¿Por qué es así de perverso el sistema?

La prioridad inicial de los gobiernos de países en crisis ha sido siempre rescatar a los bancos. ¿Por qué gobiernos y contribuyentes deben implicarse prioritariamente en salvar a los bancos? Después de todo, la quiebra de una empresa se considera parte de la “selección natural” que caracteriza al sistema capitalista. Pero cuando son los grandes bancos los que caen, esto no funciona de la misma manera. Curiosamente.

La respuesta es sencilla: los bancos se rescatan por el miedo a que se repita la pesadilla de la Gran Depresión de 1930.

Desde que los bancos disfrutan del monopolio de crear dinero en el momento de conceder préstamos, su quiebra significa la desaparición del crédito y, como resultado, la falta de dinero para el resto de la economía. Sin acceso al crédito, la capacidad productiva se contrae, lo que causa desempleo masivo y, como consecuencia, la indeseable catástrofe social. De esta manera, cuando los bancos tienen problemas, pueden hacer estallar la denominada “segunda ola” de la crisis; un feroz círculo vicioso que toma como víctima a la economía real y, por consiguiente, a los ciudadanos. Banco quebrado genera desaparición de crédito que, a su vez, genera recesión. Esto provoca peor situación de los bancos, que supone más restricción del crédito y así la espiral sigue y sigue hacia abajo…

Esta situación es tan indeseable que los gobiernos se sienten con la necesidad de apuntalar los balances de los bancos.

El siguiente paso es que siempre que un banco “demasiado grande para caer” tiene problemas, la receta siempre ha sido la misma, al menos desde los años 30: los contribuyentes acaban pagando la factura de rescatar a los bancos para que puedan empezar a funcionar otra vez. De las 96 grandes crisis bancarias mundiales que el Banco Mundial ha constatado en los últimos 25 años, la carga de los costes del rescate sobre los contribuyentes ha sido la respuesta en todos los casos. Estos rescates acaban siendo caros para el contribuyente y para la economía en general. En octubre de 2008 el Financial Times se preguntó si el pánico mundial en las bolsas estaba relacionado con la “fe en los bancos” o más bien con la “fe en que los gobiernos salvarían” a dichos bancos.

Ahora bien, ¿qué ocurre cuando los costes de rescatar al sistema bancario se vuelven irracionales? Los gobiernos aprendieron en los años 30 que no pueden permitirse dejar que el sistema bancario quiebre, ya que arrastra el sistema económico completo. Lo que deben aprender ahora es que no pueden permitirse salvar el sistema bancario, del mismo modo que un mileurista sabe que no puede comprar un Ferrari.

La clave está en regular el sistema financiero de forma coherente, equilibrada y racional. Esto supondría, seguramente, una lucha intensa entre banca y reguladores. En el transcurso de los siglos la Banca ha salido siempre victoriosa en esta pugna, sobre todo desde que se privatizó la función de emisión de dinero por el sistema bancario.

La única posibilidad de solucionar esta crisis a nivel nacional tiene que venir acompañada de la iniciativa popular: que todos nos unamos para parar esto de una vez. Para esto sirve la democracia, ¿no?

En este momento creo que voy a dejar de escribir, porque lo que quiero decir está en el siguiente discurso – tan maravilloso como actual – que os invito a escuchar. Es el de Charles Chaplin en el Gran Dictador, su genial película de 1940. Escuchadlo, de verdad.

Muchas Gracias por vuestra atención.

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8 comentarios

Archivado bajo Educación financiera

8 Respuestas a “¿Demasiado importantes para quebrar?

  1. Miguel

    Sensato, claro y concreto. Muy, muy bien. Me gusta y lo entiendo.

    • Muchas gracias por tu comentario, sobre todo porque la intención es esa, compartir una opinión de una forma clara y concreta para que de esta manera permita una reflexión sobre la esencia del mensaje transmitido.

      Muchas gracias y un cordial saludo.

  2. Sensato, claro y concreto. Muy muy bien. Me gusta, perdonarme, pero no lo entiendo.
    No entiendo, por que no dejamos de votar a esta banda ( perderían todos los partidos por mayoria ).
    No entiendo, por que no se clonan, 8000 millones de Charlin Chaplin, para terminar con estos politicos, INCOMPETENTES.
    Gracias Angel por tus esplicaciones tan claras y perdona por la dureza de mi respuesta ( hoy no había reñido con nadie y tenía ganas ).
    ,

    • No hay nada que perdonar, es gratificante escribir y que alguien te lea y se sienta removido. Lo de Chaplin es de hace casi 70 años, y ya ves … Son mensajes vitales que muy pocas personas se paran a escuchar, y ese es el kid de la cuestión, aprender a escuchar, arte que llevas camino de dominar. Un abrazo amigo.

  3. Diego

    Muy bueno el artículo. Además, me ha permitido disfrutar de nuevo de “El gran dictador”…
    Tres temas destacaría:
    1. Nunca debemos olvidar que el principal objetivo de la clase política es conseguir y perpetuarse en el poder. Todas sus acciones llevan detrás una estimación de voto añadido o perdido, incluso las más sociales.
    Hay pocas excepciones: la más conocida, el miedo a una revolución que les expulse del poder y de sus privilegios; en ese caso, se acepta como mal necesario incrementar la protección social.
    2. El sistema no puede ser más perverso. Está montado por y para los partidos mayoritarios, impidiendo que los partidos minoritarios puedan cambiar el escenario (eso sin contar con que -una vez en el poder- se incorporen a la casta y se conviertan en parte del problema).
    ¿Quién financia a los partidos políticos? Los bancos y las grandes empresas. ¿Lo hacen por altruismo?. Aquí radica para mí la explicación a alguna de las preguntas que todos nos hacemos, por ejemplo, cuando se habla de privatizaciones.
    3. Finalmente, y en directa relación con lo anterior, si un banco quiebra y el Estado debe rescatarlo, ¿por qué no se gestiona dicho banco por el propio Estado? ¿por qué no es intervenido y gestionado con criterios distintos al del beneficio empresarial, si tenemos en cuenta que ha sido recatado con dinero de los ciudadanos?
    ¿tiene algún sentido que un banco que ha sido rescatado con dinero público practique deshaucios y, a la vez, pague los elevados sueldos de los directivos que le han llevado a la quiebra?
    ¿es ese el destino que queremos dar a los impuestos que nos han incrementado los que nos dijeron que jamás lo harían?

    • Muchas gracias Diego por tus comentarios y tu aportación. Totalmente de acuerdo con tus puntos 1 y 2. Respecto del 3, creo que las preguntas que haces se resuelven atendiendo a los puntos anteriores. Son los “mismos” los que están en el poder político y los que están en los Consejos de Administración de los bancos y los mismos también que dominan los órganos de gobierno de las empresas más importantes del País, a saber, por ejemplo las que conforman el IBEX35. Son todos los mismos, entonces… Por cierto un buen ejercicio es determinar el tipo medio impositivo real de todas estas empresas, dato objetivo que habla por sí sólo. Remover a esta clase de sus asientos y dejar de soportar sus manejos depende de la conciencia social, y … Esto no es bueno, todavía hay mucha mucha gente que no es consciente de la verdadera situación. Por eso intuyo que las urnas tampoco van a dejar constancia, … Ya ha habido ejemplos. Queda mucha tarea por hacer! Ánimo.

      Saludos

  4. Hola Ángel, me gusta tu post porque razona y evidencia ciertas carencias de sociopolíticas sin caer en la “indignación simplona” o “rebeldía-antisitema-tendenciosa”. Hace años que remarco que si atendemos que más del 50% de nuestro censo electoral no acude ni siquiera a votar, la mayoría de los españoles – por acción u omisión – está negando la bondad de nuestro sistema. Que cada uno saque sus propioas conclusiones.

    En cualquier caso, quiero plantearte una pregunta sobre la que tengo gran curiosidad: si el sistema financiero mundial está en manos privadas, ¿cómo operan? Si son entidades privadaas, ¿quiénes son?… Un saludo

    • José María, muchas gracias por tu valoración y muchas gracias por la pregunta que me haces. Esta pregunta generará mi siguiente post, ya que la contestación no es simple. Así que te ruego un poco de paciencia hasta que pueda desarrollar la respuesta en el tamaño de un post leíble y entendible. No obstante dejo a continuación una magnifica cita de John Kenneth Galbrait: “Más que cualquier otro campo de la economía, el estudio del dinero utiliza la complejidad para encubrir la verdad o evadirla, pero nunca revelarla”. Creo que no hace falta comentar nada más por ahora…

      Saludos

      Ángel Martínez